jueves, 30 de junio de 2011

Sumamente delicado. Así era el. Dormía plácidamente en su cama, de medio lado. Mientras ella lo observaba, apoyando la cabeza sobre la mano. Estaba tapado hasta la cintura y dejaba ver su camiseta de tirantes negra con ese dibujo tan infantil que consiguió sacarle una sonrisa al pensar lo bobo que se ponía cuando intentaba hacerle reí ...r. El era su gran amor. Ahí, tumbados los dos, se puso a pensar en lo mucho que le importaba. Jamás había sentido algo tan profundo por nadie. No se había dado cuenta, pero el paso del tiempo y su sonrisa habían terminado por enamorarla de una manera loca. Tenía todo lo que ansiaba en un hombre. Él era perfecto para ella. Siempre de buen humor, conseguía alegrarle cualquier día triste, con un entusiasmo y una vitalidad inconcebibles. Su inocencia particular aún seguía vigente en el, aunque al mirarlo de nuevo, le parecía estar viendo a otro hombre diferente. Y estaba orgullosa de haber podido compartir ese largo camino junto a el. Lo adoraba. La tenía encandilada. Para ella, él lo era todo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario